Sobre doctorarse y tal

Como seguramente sabréis los que soléis pasar por aquí, estos últimos años he estado haciendo una tesis que culminó en que me convirtiera en doctora el día 19 de diciembre. En esta entrada quiero hacer un repaso a este proceso, sus cosas buenas y malas, las lecciones aprendidas.

Primero os voy a poner un poco en antecendentes. Estudié ingeniería industrial porque no sabía qué estudiar y me parecía útil e interesante. Cursé la especialidad de diseño mecánico porque me gustan las máquinas y diseñar. Luego, descubrí un master de ingeniería mecánica en la propia universidad y como consideraba que no había aprendido lo suficiente, pues lo hice. Aun así seguía con la idea de que podía saber más y no me hacía especial ilusión ir a una consultoría a hacer todos los días lo mismo vestida de traje. La cuestión es que el que fue mi director de proyecto de master me habló de una oportunidad para hacer una tesis en otra universidad. ¿Por qué no? me dije y allí fui. Hacer una tesis era un dos en uno: iba a conseguir la máxima titulación en mi campo y aunque me pagaban (poco) tenía la libertad de un estudiante (más o menos).

Como idea no está mal ¿no? El problema es que yo empecé una tesis igual que la carrera: con la intención de ir a un centro de conocimiento en el que hubiera personas con inquietudes, con ganas de aprender, de mejorar el mundo. Y al igual que con la carrera, me equivoqué. Lo que encontré fue una fábrica. Una fábrica de borregos de y para la industria que miraban con malos ojos cualquier intento de investigar de verdad. Lo único importante es tener resultados rápido. ¡Más rápido! ¡Haz ensayos! ¡Pon simulaciones! Pero no te detengas ni un segundo a pensar lo que haces. Os podéis imaginar lo bien que encaja una persona que ha estudiado por afán de conocimiento en un sitio en el que el conocimiento se rechaza y muchas veces se desprecia, en el que el único objetivo institucional es conseguir más pasta

No quiero decir con esto que no haya aprendido nada y que me arrepiento de hacer una tesis, porque no es así. La lección que saqué de aquí es que hay que saber muy bien dónde se mete uno y con quién se ata durante varios años de vida. A mí todo este tiempo me ha valido para saber lo que quiero y lo que no en la vida. Ahora tengo más que claro que no quiero un trabajo convencional y, sobre todo, que no voy a estar a las órdenes de nadie, especialmente de ningún arrogante que se cree más listo que Dios y que en realidad no tiene ni idea de nada. 

La parte buena de todo esto es que como nadie me decía lo que tenía que hacer he hecho lo que me ha dado la gana, he aprendido a programar mejor, a usar Emacs, he leído libros de elementos finitos, de diseño, de productividad… y además he hecho mi trabajo. Este blog es consecuencia en gran parte del aburrimiento y de la impotencia.

Lo mejor de todo, en cualquier caso, han sido mis compañeros, los otros doctorandos. No todos, claro, algún imbécil ha habido, siempre los hay, sobre todo el mítico que se cree más hábil que nadie y que lo que ocurre realmente es que le ciega su propia ignorancia. Pero en su mayoría mis compañeros han sido los que han hecho que merezca la pena todas estas horas sentada delante de un ordenador intentando resolver yo sola un problema sin solución. Ha habido muchos días (demasiados) en que iba trabajar solo por el ratillo del café. 

Espero que no se queden atrapados en un curro de mierda de por vida y que, como yo ahora, sean libres.

Esos regalos de tesis

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7 pensamientos en “Sobre doctorarse y tal

    1. Ondiz Autor de la entrada

      Es una definición bastante buena, he sido y seré punki hasta las trancas toda la vida 🙂

      PS. La realidad era mucho mucho peor de lo que doy a entender 😉

      Responder
  1. Pingback: El 2016 | Onda Hostil

  2. Notxor

    Bueno, Ondiz. Enhorabuena por el doctorado. Yo estudié una carrera totalmente distinta. Me hice psicólogo y tenía prisa por ayudar a la gente, pero de eso hace más de treinta años. Después de titularme hice una especialidad, un máster y algunos cursos postgrado. Siempre con el objetivo de poder ayudar a la gente lo mejor posible. Nunca he podido dejar de aprender, siempre aprendo algo. Cuando más aprendo es cuando me equivoco. Quizá por eso me hacen gracia los «lechuguinos cuñados» que todo lo saben.

    No dejes nunca de aprender.

    Responder
    1. Ondiz Autor de la entrada

      Gracias Notxor. Qué guay es ver que hay gente que intenta ser mejor en su trabajo y como persona.

      Nunca dejaré de aprender, no.

      Responder

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