Confesiones: las críticas y yo

Lo reconozco: no me gustan las críticas. Nada. Las detesto. ¡Pero si no te critican no vas a aprender! ¡Nunca evolucionarás! me diréis. Y os daré la razón. Sin feedback no se mejora, estoy de acuerdo. Pero para eso es necesario que quien te critique lo haga bien y me temo señores que eso es algo que brilla por su ausencia.

Os pongo en situación: llevas la última semana trabajando en un problema. Un problema chungo. Tienes que hacerles una presentación a tus jefes. Te curras la presentación. Piensas al detalle en la estructura, en la mejor manera de hacer llegar esa información a tu público, en qué gráficos puedes poner para que se entienda mejor el mensaje. Lo primero qué te sueltan es: ¿y eso para qué lo has hecho? Seguramente con una mezcla de aburrimiento e indiferencia. Tal vez desprecio. Y por supuesto, sin haber escuchado nada de lo que tú has dicho. Después vendrán múltiples sugerencias sin pies ni cabeza para demostrar que ellos son los jefes. Recuerda: tú eres un pringao.

Lo siento, pero yo por ahí no paso. Si quieres criticar mi trabajo, primero me escuchas, luego lo intentas entender, preguntas lo que haga falta, no problemo que yo te respondo y, cuando tengas claro como el agua por qué he puesto cada coma de la presentación, si quieres criticas. Así sí, así escucharé todo lo que me digas con humildad y reharé todo si hace falta.

Y ahora la pregunta clave: ¿cuántas veces te tienes que enfrentar en la vida a la situación A y cuántas a la B? Digamos que hay órdenes de magnitud de diferencia. Y, claro, tienes que cerrar el pico porque si no, en el mejor de los casos, te tacharán de susceptible. Pues no, no me da la gana. Si ni siquiera haces el esfuerzo por entender lo que hago y me criticas sin ser capaz de valorar mi trabajo, me estás insultando y por lo tanto me veo con todo el derecho a defenderme. Que sepas que yo soy mi peor crítico y si yo he dado por bueno un trabajo es por algo. Así que respétame y respétalo y cierra la bocaza si no sabes por donde van los tiros.

¿Y sabes lo que te digo? Que prefiero abrirme mi propio camino a machetazos y tropezar cien veces con la misma piedra antes de que me faltes al respeto. Porque tal vez me cueste mil veces más pero llegaré a mi destino con la dignidad intacta. Y en lo que a mí respecta, merece la pena.

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